El rico Epulón y Lázaro.

1. Jesús hablaba a menudo del desapego de las riquezas y del uso que de ellas debe hacerse para el alivio de los pobres, y para confirmar esta enseñanza propuso la parábola siguiente:

2. "Había un rico que se vestía de púrpura y de lino finísimo, y daba todos los días espléndidos banquetes. Y había un mendigo de nombre Lázaro, el cual, lleno de llagas, yacía a su puerta, deseoso de hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico. Mas ninguno se las daba.

3. "Sucedió, pues, que el mendigo murió, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Y murió también el rico y fue sepultado en el infierno.

4. "Estando este rico en los tormentos y alzando los ojos, vio desde lejos a Abraham y a Lázaro, en su seno. Por lo que exclamando dijo:   Padre Abraham, ten misericordia de mí, envía a Lázaro que bañe la punta de sus dedos en el agua para refrescar mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.

5. Abraham le contestó: "Acuérdate que tú recibiste bienes en tu vida, y Lázaro solamente males; pues ahora él es aquí consolado, y tú atormentado. Hay además un gran abismo que nos separa, y no podemos los unos acercamos a los otros.

6. "Y le dijo entonces el rico: Suplícote, pues oh padre, que envíes a avisar a mis hermanos, para que no vengan ellos también a este lugar de tormentos.

7. Respondióle Abraham: "Ellos tienen a Moisés y a los profetas que pueden oír". Pero él replicó: "No, Padre Abraham, porque si alguno de los muertos fuere a ellos, harán penitencia". Mas contestóle el santo patriarca: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco creerán aunque resucitase uno de la muerte.

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