Los milagros relatados en los evangelios

Los evangelios refieren numerosos milagros obrados por Jesús, a los que dan el nombre de "signos", "virtudes", "prodigios", "obras". Los podemos distribuir dentro de la siguiente clasificación: 

Liberaciones de posesos: Mt. 8. 28-34, 9, 32-34; 12, 22-30; 15, 21-28; 17, 14-17; Mc.1,23-28. 
Curaciones ,de mudos y sordomudos: Mt. 9. 32-34; Mc. 7, 31-37. 
Curaciones de paralíticos: Mt. 9, 2-7; Jn. 5, 1-15.
Curaciones de leprosos: Mt. 8, 2-4; Lc. 17, 12-19.
Otras curaciones: Mt. 8, 5-13; 8, 14-15; 9,20.22; 12, 9-13; Lc. 13, 10-17; 22, 49-51.
Resurrecciones: Mt. 9, 18-26; Lc. 7, 11-17; Jn. 11, 1-45.
Milagros sobre la naturaleza: Mt. 8, 23-27; 14, 15-21; 14, 23-33; 15, 32-38; 17,23-26; 21, 18-22; Lc. S, 1-11; Jn. 2, 1-11; 21, 1-13.

Los milagros como revelación o manifestación de Cristo

¿Con qué finalidad obraba Cristo sus milagros?

Los hacía, en primer término, para manifestarse a sí mismo, para explicar qué había venido a hacer al mundo: qué se traía, de parte de Dios, para los hombres. En este sentido, sus milagros constituían una forma de predicación, pero revestida de poder y por eso más significativa e impactante.

Con su dinámica de asombro, ponían a quienes los presenciaban en camino de un descubrimiento espiritual relacionado con la persona y la misión del Salvador. Jesús, por ejemplo, multiplicaba los panes en el desierto: ello valía como proclamar: "Yo soy el Pan vivo bajado del cielo; quien coma de él, vivirá eternamente". (Jn. 6, 51). Abria los oídos a los sordos: era como un duplicado del anuncio: "Yo soy la Verdad: quien es de Dios escucha mi voz". (Jn. 14, 6; 18, 37). Devolvía la vista a los ciegos: era como decirles de palabra: "Yo soy la Luz del mundo; quien me sigue no anda en tinieblas." (Jn. 8, 12). Resucitaba a los muertos: era el equivalente de su declaración inaudita: "Yo soy la resurrección y la Vida: quien cree en mí, aunque muera, vivirá para siempre." (Jn~ 11, 25).

La personas favorecidas por los milagros de Jesús no captarían de primer momento el sentido espiritual de los mismos. ocupados como estaban en devorar sus panes después de tres días de desierto. o no repuestos aún de su estupor ante los tullidos que echaban a andar o los muertos que volvían a la vida.

Una reflexión más profunda sobre el misterio de Cristo pone en claro que, por encima de esos acontecimientos circunstanciales, emergía un anuncio de salvación que perdura entre los hombres. La persona y la misión de Cristo irrumpen desde el trasfondo de cuanto ocurrió hace veinte siglos a la vista de pocas personas en alguna aldea perdida del Oriente, para ganar una escena perenne y universal en la historia. Desde entonces, su presencia salvadora sigue inquietando y transformando el ser y el acontecer de los hombres.  Y ello hasta tanto quede un sordo, un tullido, un hambriento, un perjudicado, un alienado. un muerto -de cuerpo o de alma-, en el mundo.

Los milagros como demostración del origen divino de Cristo y de su doctrina

Además de constituir una forma de predicación -un anuncio impactante de salvación-, los milagros se ofrecían como sello sobrenatural que acreditaban a Cristo como enviado e Hijo de Dios.

El propio Jesús les atribuía ese valor: Mt. 9, 6 (La curación del paralítico). Mt. 11, 2-6 (La respuesta a los discípulos de Juan). Jn. 9, 3 (La curación del ciego de nacimiento). Jn. 11, 42 (La resurrección de Lázaro).

1.  Jesús para mostrar a los hombres que era enviado por Dios, y que hablaba en su nombre, hacia muchos y grandes milagros.
2.  El primer milagro que obró, fue en Caná de Galilea Jesús. había sido convidado a una fiesta de bodas, y en lo mejor del convite llegó a faltar el vino. La Virgen María le pidió que proveyera. Mandó entonces Jesús que llenaran de. agua unas ánforas y sirvieran de ellas. Lo que habiéndose hecho, hallaron el agua cambiada en vino.
3.  Hizo enseguida otros milagros, no por ostentación, ni por atemorizar al pueblo, sino en beneficio de los hombres, donándoles lo que más estimaba la salud y la vida.
4.  Sanó instantáneamente en varias ocasiones una multitud de personas, aquejadas de toda especie de enfermedades, a veces con una sola palabra, y sin verlas ni allegárseles, y alguna vez sólo bastó que tocasen sus vestidos, para recobrar la salud.
5.  Por dondequiera que iba, le traían enfermos, y los ponían por las calles o en las plazas en que debía pasar. Las casas en que se hospedaba, eran luego rodeadas de inmensa multitud, y ésta le seguía a todas partes, hasta a los desiertos a donde a veces se retiraba.
6.  Restituyó la vista a muchos ciegos, y entre éstos a uno de nacimiento, poniéndole sobre los ojos un poco de saliva.  Hizo hablar a los mudos y oír a los sordos, curó a los tullidos, libró de los espíritus a los endemoniados, y devolvió la vida a los muertos.
7.  Todas estas cosas que sólo Dios puede obrar, las hacía Jesús para demostrar que El era Dios.
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